Esto es lo que firmas (y no lees) cuando te das de alta en YouTube

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Nunca es tarde si la dicha es buena. Ahora que Google te está obligando a usar tu cuenta de G+ para dejar comentarios en YouTube, es buen momento para analizar lo que dicen las condiciones que aceptas al registrarte en esta página. Las hemos leído y te las presentamos resumidas. Dale al play.

Igual eres uno de los muchos usuarios de YouTube a los que no ha sentado demasiado bien el último cambio introducido por Google. Sí, sí, eso de que ahora para comentar tienes que usar tu perfil de G+, con tu identidad real, en vez de trolear de forma anónima. ¿Dónde está la libertad de expresión?, se preguntan algunos. “¿Por qué c**o**s necesito una cuenta de Google+ para comentar un vídeo?”, se pregunta uno de sus fundadores. Los ánimos, desde luego, están bastante caldeados.

Es normal que si alteran tus hábitos no te haga mucha gracia, eso no te lo discutimos, pero si te hubieras leído los términos y condiciones que firmaste al darte de alta tampoco esto debería sorprenderte mucho. Al fin y al cabo, has firmado un contrato por el que, entre otras muchas cosas, das permiso a Google para que combine la información de las bases de datos de sus diversos servicios prácticamente a su antojo. Para que lo entiendas, si no les diste tu nombre en uno (porque comentabas anónimamente), seguro que se lo diste en otro.

Todo esto es probable que no lo supieras, ya sea porque no te leíste los términos (son muy largos y aburridos) o porque lo hiciste pero no te enteraste de nada (están escritos por y para abogados). No vamos a culparte, porque es lo más habitual del mundo, pero lo cierto es que ya va siendo hora de que conozcas la letra pequeña.

Por eso hemos decidido ahorrarte la mayor parte del trabajo. Con la ayuda del jurista TICJorge Morell (@Jorge_Morell), autor de la web Términos y Condiciones, trataremos de dar respuesta a diez sencillas preguntas.

¿Para qué podrán usar tus contenidos?

Al tratarse de YouTube, una web donde fundamentalmente la gracia es compartir vídeos, este punto es especialmente importante. Debes saber que todo el contenido que subas sigue siendo tuyo, si no has hecho trampa y ya lo era en un principio… Ahora bien, concedes dos licencias, una a la empresa y otra a los demás usuarios.

La primera de ellas es mundial, no exclusiva, gratuita, sublicenciable y permite a YouTube utilizar, reproducir, distribuir, crear obras derivadas, mostrar y ejecutar dicho contenido. Eso incluye también el uso promocional, como por ejemplo si cogen uno de tus vídeos para un anuncio. La segunda licencia, a favor de cada usuario del servicio, es mundial, no exclusiva, gratuita y les permite acceder, utilizar, reproducir, distribuir, crear obras derivadas, mostrar y ejecutar tus contenidos en la medida en que la web se lo permite. Vamos, que pueden ver tu obra y compartirla.

A cambio te autorizan a usar la web, siempre y cuando no te pases de la raya, es decir, siempre y cuando cumplas con el contrato, mantengas una conducta adecuada y te hagas responsable de todo lo que publicas. En este sentido, cabe señalar que YouTube tiene una política específica sobre derechos de autor y si la incumples de forma reiterada (más de dos veces) cancelarán tu acceso a los servicios. Una infracción es, por ejemplo, subir un vídeo que tiene de fondo la banda sonora de ‘Piratas del Caribe’ (sabemos que te gusta) o la grabación de un sketch del último programa de Alberto Chicote. Asúmelo, no tienes los derechos de propiedad intelectual de ese contenido y, por lo tanto, no lo puedes subir al servicio.

¿Qué datos personales cedes?

En este aspecto, YouTube se rige por la misma Política de Privacidad que la gran mayoría de servicios de Google, así que no hay demasiadas particularidades con respecto a lo que ya explicamos en su momento. Hablamos fundamentalmente de dos tipos de datos: los que cedes voluntariamente y los que la plataforma de vídeos u otros servicios de la compañía recogen de forma automática.

Los primeros son los que introduces cuando abres una cuenta: nombre, fotografía, dirección de correo electrónico, número de teléfono o datos de la tarjeta de crédito, entre otros.

Los segundos son los que obtienen cuando utilizas sus servicios: datos sobre tu dispositivo (modelo de equipo, versión del sistema operativo, identificadores únicos, datos sobre la red móvil o número de teléfono, entre otros), los denominados datos de registro (tus búsquedas, tu dirección IP, el navegador que utilizas, las páginas que visitas, los números a los que llamas, las horas a las que realizas esas llamadas o cuánto duran), datos sobre tu ubicación física y por supuesto todos los datos que recaban las famosas ‘cookies’.

Gran parte de esta información no llega hasta Google precisamente a través de YouTube, sino que más de 60 servicios de la multinacional recogen datos distintos que posteriormente pueden llegar a combinarse, dando lugar a lo que probablemente es el perfil más completo sobre tu persona y tu actividad en la Red que guarda en su base de datos, a día de hoy, una empresa tecnológica.

¿Qué pueden hacer con esos datos?

El uso más conocido es la personalización de los resultados de búsqueda y de la publicidad. Esto quiere decir que Google puede aprovechar todo lo que sabe sobre ti para mostrarte sólo la información (y los anuncios) que realmente puedan resultarte interesantes.

También pueden utilizar tus datos, como es lógico, para ofrecer sus servicios, mejorarlos, protegerlos y desarrollar otros nuevos. Por ejemplo, que YouTube recuerde exactamente dónde dejaste de ver un vídeo cuando vuelves a él (suponiendo que estés conectado) se debe a esta “mejora de los servicios” derivada de fusionar los muchos datos recopilados de las múltiples fuentes de las que bebe la ‘gran G’. Eso sí, esos datos no los compartirán con terceros ajenos a Google sin tu consentimiento, excepto si se trata de filiales o contratistas, si existen motivos legales, si están investigando una posible infracción o si lo requiere alguna autoridad gubernamental.

Sólo pondrán a disposición del público general datos que hayan sido previamente “consolidados”, es decir, información no personal que evita identificar a un usuario de forma individual. Esto se refiere a las típicas estadísticas de uso que de vez en cuando salen en las noticias.

¿Puedes darte de baja? ¿Cómo?

En este aspecto, las condiciones de YouTube se alejan bastante de lo que es habitual leer en las de otros servicios de internet. Tal y como lo explican, si quieres darte de baja tienes que hacer dos cosas: notificárselo a la empresa y cerrar tu cuenta. Lo curioso es que la notificación se la tendrás que hacer llegar por correo ordinario (sí, sí, escrita y en papel) a la dirección física de la compañía en Cherry Avenue (San Bruno, Estados Unidos). Un poco anticuado, ¿no? Tal vez se deba a que los términos de YouTube llevan más de tres años sin actualizarse.

Por otra parte, también es cierto que, al ser Youtube un servicio más de Google, la única forma de darse de baja como Dios manda es eliminar la cuenta de Google a la que va asociado. Es lo que tiene la integración masiva de servicios y bases de datos.

En lo que respecta al contenido, las licencias que concedes quedarán canceladas cuando borres tus vídeos, excepto las que se refieren a los comentarios como usuario, que son perpetuas e irrevocables.

¿Cuánto tiempo retendrán tus datos si decides marcharte?

Aquí también tenemos que remitirnos a los documentos legales que comparten la mayoría de los servicios de Google y en ellos no se aclara para nada este asunto. De hecho esta ausencia de información podría interpretarse como escasa transparencia. Y no lo decimos nosotros, lo dicen las autoridades en materia de protección de datos de países como España, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Holanda o Francia, donde Google podría hacer frente a una cuantiosa multa precisamente por la falta de precisión de sus políticas.

¿Cuál es la edad mínima para darse de alta?

Los límites de edad también son los mismos que para el resto de servicios de la ‘gran G’ y se basan en la procedencia del usuario: 14 años o más en España y Corea del Sur, 16 años o más en los Países Bajos y 13 años o más en Estados Unidos y el resto de países. No obstante, en los términos de YouTube lo dicen con otras palabras: puede utilizar la web todo aquel que esté “legalmente capacitado para celebrar un contrato vinculante”. En realidad viene a significar casi lo mismo.

También cabe destacar que la plataforma de vídeos cuenta con una serie de restricciones de edad que pueden aplicarse a determinados contenidos. Esto hace alusión a la típica pantalla de advertencia en la que te piden que confirmes que tienes más de 18 años para seguir adelante.

¿Cómo de extensas son las políticas? ¿Están en español?

Los Términos y Condiciones de YouTube tienen 3.951 palabras, que sumadas a las 2.719 de la Política de Privacidad que comparten todos los servicios de Google dan un total de 6.670. Más largos que las ‘Rimas’ de Bécquer (5.277 palabras) y mucho más aburridos. Al menos de poesías puedes tirar para ligar…

Eso sí, están en español, lo cual es un alivio.

¿Pueden cambiar los términos? ¿Con qué condiciones?

Los pueden modificar en cualquier momento y eres tú quien debe estar atento a los cambios. Una vez que hayan entrado en vigor, el mero hecho de seguir utilizando la web supondrá que los aceptas. No obstante, YouTube introduce aquí un matiz que no incluyen otros servicios y que es de agradecer: esta o cualquier otra cláusula de los términos que vaya en contra de tus derechos como consumidor carecerá de validez legal. Si no lo dijeran seguirías disponiendo de tus derechos, pero no está de más que lo mencionen, oye.

¿A qué legislación están sujetos?

Esto va estrechamente ligado con lo que acabamos de comentar y, de forma coherente, YouTube no pretende establecer condiciones abusivas que vayan en contra de tus derechos como consumidor (y, si lo hacen, no valen). Por lo tanto, el contrato que firmas con la empresa está sujeto a la legislación española y el tribunal en que se resolverán posibles desavenencias con la empresa será también el que corresponda en función del país de residencia habitual del usuario.

¿Hay algo más que debas saber?

Aparte de que tienes que enviar una carta para darte de baja, que ya lo hemos comentado anteriormente, hay alguna que otra curiosidad más en los términos de YouTube (y aledaños). Lo primero que llama la atención es una de sus prohibiciones, o mejor dicho la fórmula rimbombante que utilizan para expresar algo muy sencillo: no nos plagies media web y pongas publicidad porque entonces menudo negocio. Fíjate como lo dicen. Si tienes un blog que rentabilizas por medio de anuncios o promociones, puedes incrustar vídeos de YouTube sólo si hay otro contenido de “valor suficiente” que pueda servir “de base para dichas ventas”. Vamos, que por lo menos te escribas un texto o algo, no seas cantoso… Qué rebuscado, ¿no?

En fin. Vamos con cosas más mundanas. Resulta que en las normas de la comunidad hay una frase que destaca por encima del resto: “No subas vídeos de cosas malas como abuso animal, abuso de drogas o hacer bombas”. Lo primero es que las comparaciones son odiosas, pero no vamos a meter el dedo en la llaga. Lo segundo es que si buscas “bomb making” en YouTube te salen 1.610.000 resultados, muchos de los cuales según está frase no estarían permitidos. ¿Por qué? Porque no indican el tipo de bombas… ¿Y si es una bomba hidráulica o una bomba fétida? Es una bomba al fin y al cabo, ¿no?

Venga, otra, que estamos en racha y esta es buenísima. Como ya os hemos contado, YouTube hace mucho hincapié en el tema del copyright. Es algo relativamente normal, al menos hasta cierto punto, pero igual con esto han ido demasiado lejos (o no, tú nos dirás qué te parece). El caso es que si te pillan subiendo contenido protegido por derechos de autor te mandarán un email con un primer aviso para evitar que te conviertas en reincidente y te tengan que cerrar la cuenta.

¿Y qué hay en ese email? Un surrealista y no poco exagerado vídeo de ‘Happy Tree Friends’ en el que una nutria pirata recibe todo tipo de castigos por grabar en el cine, grabar en un concierto o incluso versionar una canción. Y dirás: da igual, paso de verlo y punto. Pues no es tan fácil, porque viene acompañado de un cuestionario con preguntas sobre lo que te acaban de contar. ¿Qué te parece? ¿Justo y necesario? ¿Igual un poco excesivo?

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