Rechazar 3.000 millones (no) es de locos y Facebook (no) está desesperada por Snapchat

Mark Zuckerberg es candidato a Personaje del Año

Es, sin lugar a dudas, la red social de moda. Tal es su éxito y su potencial que se ha permitido el lujo de rechazar una oferta de Facebook por 3.000 millones de dólares. “¡Menuda locura!”, gritan unos. “¡Así se hace!”, alaban otros. Menos mal que las palabras, como las fotos de Snapchat, se las lleva el viento.

En Silicon Valley, al parecer, no se habla de otra cosa: un chaval de 23 años al frente de una jovencísima empresa que no genera ingreso alguno ha rechazado la oferta de compra de una poderosa multinacional por más de 3.000 millones de dólares. Se llama Evan Spiegel y es el fundador y CEO de Snapchat, el hombre que por segunda vez ha dado largas a Facebook y su astronómica montaña de billetes (sí, sí, Zuckerberg pensaba pagar en efectivo).

La noticia, desvelada en exclusiva por ‘The Wall Street Journal’, no ha dejado a nadie indiferente. Unos piensan que está loco y otros que es un genio con agallas dispuesto a comerse el mundo. Probablemente todos tienen parte de razón, como también la tienen los que dicen que Facebook actúa a la desesperada y los que argumentan que es un movimiento estratégico audaz e inteligente de la red social por excelencia.

Facebook, ¿por qué tanto interés?

En primer lugar, porque Snapchat es el fenómeno social de moda y comienza a suponer una amenaza a su trono como en su día lo fueron Twitter (que intentó comprar) e Instagram (que compró). Como dijo el antiguo consejero delegado de Intel, Andrew Grove, “solo los paranoicos sobreviven”. Y Zuckerberg es consciente de que su imperio está constantemente en peligro, amenazado por ‘startups’ que el día de mañana podrían convertirse en gigantes o acabar en manos de la competencia.

La red social de los mensajes que se autodestruyen es una de ellas. A principios de octubre contaba con 26 millones de usuarios según un estudio del Pew Research Center (la compañía no confirma ni desmiente este tipo de datos) y todos los días se envían a través de ella la friolera de 350 millones de fotos, una cifra que creció un 75% entre junio y septiembre y que ya supone un 3.400% más que hace un año. Por cierto, según los rumores, galanes de la talla de Google o la china Tencent la cortejan.

Además, Snapchat se ha convertido en el refugio de los miles de jóvenes que están abandonando Facebook, tal y como reconoció la propia firma en su última presentación de resultados. Para los adolescentes, la red de Zuckerberg es un lugar donde están sus padres y no pueden expresarse libremente, mientras que la temporalidad de los mensajes en la plataforma del fantasma protege su privacidad (no se sienten vigilados) y evita las consecuencias negativas que puede acarrear una imagen desafortunada (imagina, por ejemplo, que al comité de selección de una universidad le da por revisar sus fotos).

Hablando en plata: ningún chaval de 16 años quiere hacer botellón donde su familia, sus profesores y otros adultos responsables pueden verle.

Y entonces, te preguntarás, si tan claro está el problema, ¿por qué Facebook no se reinventa o desarrolla su propia aplicación concebida para el público joven? Porque ya lo ha intentado y fracasó de forma estrepitosa. Poke fue un quiero y no puedo, un mal plagio de Snapchat que no convenció a nadie y pasó sin pena ni gloria por los dispositivos de sus (no muchos) usuarios. Copiar es fácil, pero hay otros factores a tener en cuenta: quién llegó el primero, qué percepción tiene la audiencia de la marca… Si no que se lo digan a Google, que lleva años tratando de asomar la cabeza en el mercado de las redes sociales.

Entonces, ¿se trata solo de los jóvenes? Qué va. También hay que tener en cuenta el importantísimo papel que juegan las fotos. Concretamente, las 350 millones de fotos que se comparten cada día a través de Snapchat: las mismas que en Facebook y seis veces más que en Instagram. Si la red azul se hiciera con la plataforma del fantasmacontrolaría las tres principales ‘apps’ del momento en lo respecta a las imágenes. Ahí es nada.

Por todo esto, hacerse con Snapchat tiene todo el sentido. Otra cosa es que valga los 3.000 millones que al parecer ha puesto Zuckerberg sobre la mesa. Es cierto que sería la adquisición más cara de Facebook hasta la fecha, muy por encima de los 1.000 millones que se pagaron por Instagram, pero también en su momento se dijo que aquella era una suma desorbitada y acabó siendo una ganga.

Entonces, ¿Snapchat ha hecho bien en no vender?

Es posible. Que varios gigantes de la tecnología se mueran por sus huesos y convertirse en el centro de todas las miradas puede hacer que el ya vertiginoso ritmo de crecimiento de Snapchat incluso se acelere. Spiegel cree que durante el invierno alcanzarán las 400 millones de imágenes al día (por encima de Facebook), situando a su empresa en una posición aún más fuerte para negociar. Los 3.000 millones que ofrece ahora la red de Zuckerberg podrían no ser más que calderilla al lado de la valoración que la firma del fantasma podría tener a principios del año que viene.

Lo cierto es que no hay prisa. La red social sigue creciendo y sus responsables no tienen por qué tomar una decisión precipitada. Las ofertas seguirán llegando en el futuro y, si no, ¿cuál es el problema? ¿Por qué tendrían que vender? ¿Acaso no podría ser Snapchat el próximo Twitter? Recordad que la red de los 140 caracteres también rechazó una oferta de Facebook y que esta, a su vez, echó atrás las tentativas de Yahoo! y Microsoft.

Spiegel y Murphy, el otro fundador, ni siquiera tendrían que jugarse el todo por el todo. Podrían aprovechar una nueva ronda de financiación para vender parte de sus propias acciones y llenarse los bolsillos por lo que pudiera pasar.

¿Por qué no iban a jugársela?

Porque no hacen caja ni tiene pinta de que vayan a hacerla, aunque es cierto que Instagram tampoco tenía ingresos cuando Facebook la compró y ahora está empezando a dar dinero. En cualquier caso, como negocio, una red social que elimina los mensajes a los pocos segundos de haberse enviado no parece demasiado sostenible. ¿Dónde está el atractivo para el anunciante?

Tarde o temprano, dicen los agoreros, la montaña rusa de los usuarios se ralentizará, caerá la máscara y todo el mundo se dará cuenta de que, en realidad, el emperador está desnudo. O puede que no. Puede que Spiegel y los suyos encuentre un modelo de negocio a su medida, basado por ejemplo en los pagos ‘in-app’ (dentro de la aplicación), al estilo de los chats asiáticos.

El caso es que, de momento, un chaval de 23 años al frente de una jovencísima empresa que no genera ingresos ha rechazado los 3.000 millones de dólares que ofrecía otro chaval de 29, con un pasado similar al suyo y un negocio multimillonario en el presente. ¿A qué ahora suena distinto que al principio?

Pasado, presente… ¿Y el futuro? ¿Será Spiegel el próximo Zuckerberg o Snapchat acabará en manos de Facebook?

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